A la vista de los datos, pocos son ya los que podrán decir que juegos como Farmville y Mafia Wars no sirven para nada. Y es que el social gaming, además de un adictivo pasatiempo, está convirtiéndose en una de las fuentes de ingresos más lucrativas en las redes sociales, sobre todo a través de la explosión de este fenómeno en Facebook. El 70% de los usuarios utiliza al menos una vez al mes sus aplicaciones, de las que casi el 90% son este tipo de juegos, de tipo gratuito, pero que obtienen su beneficio a través de los micropagos.
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La venta de productos virtuales para videojuegos se está extendiendo cada vez más como modelo de negocio. Tanto, que en Europa movió el año pasado 490 millones de euros y se espera que en cuatro años mueva un 150%, hasta 1.200 millones. En Europa y Estados Unidos se ha empezado a implantar recientemente, pero en los países asiáticos es ya una costumbre muy arraigada y exitosa (mueve 5.000 millones de dólares en China y 4.000 en Corea del Sur). Además, cada vez hay mayores facilidades para realizar estos micropagos con un par de clicks, a través del teléfono o con plataformas de pago virtuales como Paypal.
No extraña por tanto que Google haya invertido una cuantiosa suma en la compañía de juegos Zynga, una cifra que se rumorea que podría llegar a 100 millones de dólares. De los 10 juegos más populares de Facebook, más de la mitad han sido creados por esta empresa, y las intenciones de esta adquisición parecen claras. Google apuesta fuerte por los juegos sociales colaborando con el jugador estrella del sector, seguramente pensando en Google Me, la supuesta red social que estarían preparando para competir directamente con Facebook.
Despreciado en ocasiones por no ser un asunto “serio”, el componente lúdico está ganando cada vez más peso, sobre todo a la hora de fidelizar las visitas en las redes sociales y aumentar su tiempo medio. A nivel nacional también destacan los esfuerzos en ese sentido por parte de Tuenti, que han apostado por un modelo desarrollado codo a codo con una empresa en concreto, siguiendo con su política escrupulosa de respeto a la privacidad. De una forma u otra, los grandes del sector “mueven ficha”, y les va bastante en ello. Lo que se juegan es mucho más que dinero del Monopoly.









