Plectranthus australis

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En dos semanas, se han producido en el conjunto del mundo más cambios que en las dos últimas décadas. La centenaria banca de inversión ha desaparecido y los sistemas regulatorios están bajo revisión. Ha sido necesaria una masiva inyección de dinero público para salvar el sistema en el momento que la economía tradicional y sus modelos están en entredicho. Es por eso que si analizamos con exactitud que representa todo ello nos daremos cuenta que estamos sufriendo un cambio de paradigma, una regeneración estructurada a partir del conocimiento y el valor del talento global. Esos cambios se evidencian en la red. En Internet los cambios son rápidos, precisos y contundentes, mucho más que en la sociedad analógica, pero también debemos comprender que, anteriormente a los cambios tecnológicos, debe haber cambio ideológico.

Originariamente, Internet consistía en una serie de páginas estáticas en las que el usuario adoptaba el papel de espectador. Hoy, los internautas abandonan ese planteamiento pasivo y se convierten en parte activa de la red, aportando contenidos y difundiéndolos. La red ha dejado de ser el territorio donde se acude regularmente y se transforma en una plataforma a través de la cual, los usuarios exponen sus ideas, emociones y conocimientos. La interacción y la participación se convierten ahora en el tronco fundamental de la maraña digital.

Una red interactiva que ha permitido la aparición y desarrollo de la web 2.0 y, con ella, el abandono de la página web hierática, contemplativa, para dar paso a un escenario en el que actuar libremente. El navegante 2.0 ya no pasea por la red, ahora la utiliza y la amplia, la engrandece y la amplifica del mismo modo que el conocimiento global aumenta. Es ese contexto, una nueva manera de ver el negocio, la empresa y la economía en general, hace su apuesta más conceptual y compleja.

Las empresas del futuro, esas que llamamos 2.0 o empresas abiertas se alimentarán de condicionantes que las hagan poderosas, que sean ejecutables y que se puedan reconocer en el mundo real. Aunque los resultados sean virtuales deberán ir acompañados de resultados contables que aporten sentido. En un mundo donde la mayoría de directivos son tecnófobos, divagar alrededor de los lamentos de la ciencia económica o de los desencuentros en política de empresa no ayudará a los que creemos con entusiasmo en el negocio 2.0 o en la empresa abierta. A fecha de hoy las puertas ya no tan solo están abiertas sino que ya nadie podrá cerrarlas. Un mercado basado en la creación de valor a partir de la colaboración horizontal, de la generación de producto fruto de compartir conocimiento y donde la fiabilidad sea total en términos de diseño empresarial, será un mercado abierto, sociable y democrático en esencia.

Cuando el mundo entienda que el beneficio económico en un negocio parte de diversos factores inclusive su capacidad de apertura y entendimiento social, entonces será como cuando en el balcón de nuestras casas ponemos una maceta con una Plectranthus australis, o lo que es lo mismo, una “planta del dinero”.

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